Hoy he estado reflexionando sobre mis años dedicada a las consultorías y cómo la experiencia nos va dando  mucha seguridad en los consejos que podemos   dar   y las decisiones que  vamos  tomamos  para resolver  los diferentes problemas que nos  plantean  nuestros clientes.

Me he dado cuenta  a través de los años  que  las personas que buscan asesoría muchas veces  llegan con el problema casi resuelto y  sólo necesitan que se los ejecutemos, las buenas cosas se van traspasando de boca en boca  y los clientes quieren que se les haga lo que un amigo o familiar cercano ya realizó.

En mis inicios laborales  ejecutaba las cosas tal cual me las solicitaba el cliente, me trataba de acomodar a lo que estaban pidiendo  en forma explícita, tratando de cumplir con lo que me solicitaban.

Con el tiempo, me di cuenta de que había cosas muy relevantes  que debía lograr para  realizar  adecuadamente  mi trabajo. Debía, por un lado, ser capaz de detectar el  verdadero problema  que se buscaba  solucionar, y por otro, tendría que ser capaz de conocer  al máximo las características subjetivas del cliente. Estas dos cosas me permitiría finalmente, que las personas se fueran mucho más satisfechas y contentas con los resultados y al mismo tiempo, que el trabajo  se convirtiera en algo mucho más desafiante y  motivador para mí, pues requería conocimientos técnicos, pero también,  capacidad de escuchar, de observar, de mirar tras las palabras , de encontrar la verdadera necesidad  que se busca satisfacer y de lograr resultados  técnicos adecuados que se ajusten a cada  persona de acuerdo a su situación particular.

Hoy   disfruto mucho trabajar   y frecuentemente les digo a mis clientes que  necesito “Conversemos del Problema  y no de la Solución…”